Queridos amigos visitantes del blog:

Os doy la bienvenida y os muestro mis novelas gestadas gracias a los conocimientos adquiridos en la investigación criminal y en el estudio del perfil de los ladrones de arte, facetas a las que he dedicado gran parte de mi vida profesional.

Dichas novelas, publicadas en forma de libro por la editorial Taberna Libraria, y, en formato electrónico por la plataforma BUBOK, se basan en dos apasionantes investigaciones ya desclasificadas de los archivos policiales.

Las investigaciones que narro respectivamente en “OBJETIVO BEATO” y “PAPA LUNA, EL RESCATE DE UN PONTIFICE OLVIDADO”, relatan el robo del Códice del Apocalipsis del Beato de Liébana, valorado en 18 millones de euros, cometido en el museo Diocesano de la Seu d´Urgell y en el robo del cráneo de Benedicto XIII, más conocido como Papa Luna, sustraído en el año 2000 en una casa palacio de la localidad zaragozana de Saviñan.

Por otro lado, y con el fin de que el blog sea una herramienta dinámica y atractiva para los aficionados a las obras de arte, periódicamente publicaré noticias y novedades relacionadas con nuestro patrimonio cultural y con las múltiples agresiones a las que se ve sometido.

J.D. Pastor


22 may. 2013

FRAGMENTO DE UN CAPÍTULO DE "PAPA LUNA, EL RESCATE DE UN PONTIFICE OLVIDADO"

Craneo del Papa Luna
...observando a través de una de las ventana desde el interior del castillo, Pedro Martínez de Luna sopesaba las fuerzas a sus ordenes y la capacidad de estas para detener la avalancha francesa que frente a las murallas se les ofrecía en todo modo superior y mejor dispuesta. Allí, se planteaba la legitimidad de sus reclamaciones papales y las vidas que para defenderlas habrían de ser ofrecidas sobre aquel oscuro lugar. Don Pedro dudó por un momento si no habría sido mejor aceptar el ofrecimiento que en asamblea los representantes del clero francés habían brindado a ambos contendientes: “La abdicación sin condiciones de ambos Papas, y la elección, con todos los cardenales de la cristiandad presentes, de uno nuevo que unificase ambas sediciosas secciones sin coacciones ni amenaza de ningún tipo y sin que la sangre hubiera de ser derramada”.

Por un momento, Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII, el Papa Luna, o los tres a la vez, pues los tres eran en uno solo, dudó, mientras observaba la situación que ante él se exponía con nítida claridad, si aceptar la oferta sobre la mesa expuesta. Desde su privilegiada atalaya observaba a su reducido ejército, a los emisarios portadores del ultimátum, y a la mayoría de sus cardenales hasta hace poco fieles devotos,que conocedores de su culpa y como desleales ratas púrpuras y pútridas, huían discretos bajo los soportales.

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